Sábado, Mayo 27, 2017

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La asombrosa historia del tiburón en un acuario que escupió un brazo humano intacto

1935 en el acuario Coogee de Sydney. El público se agolpaba para ver al tiburón tigre del que tanto hablaban. Al animal se le veía feliz, moviéndose con soltura frente a la gente congregada. Pero de repente parece encontrarse mal, el tiburón vomita y de su boca salen un pájaro, una rata y un brazo humano intacto.

Semanas antes de este extraño suceso aquel tiburón vivía en libertad, lo que tampoco explica cómo demonios fue a parar hasta su estómago un brazo humano intacto, sin mordedura alguna por parte del animal. ¿cómo pudo llegar hasta allí?

Aquel vómito iba a ser el principio de una investigación policial legendaria. Una que muy probablemente sólo puede ocurrir en Australia.

El tiburón que escupió un brazo humano

A principios del mes de abril de 1935 un hombre captura a un tiburón tigre de 4 metros de longitud. Se trataba de Bert Hobson, un pescador local que se encontraba a tres kilómetros de la playa Coogee en Sydney. El tipo capturó al tiburón por casualidad, ya que el animal se quedó enredado en el hilo de la embarcación de pesca mientras trataba de comerse a otro tiburón más pequeño que Hobson había enganchado.

Para el pescador no era la primera vez, aunque jamás había visto uno tan grande. El hombre decide llevárselo a la orilla para luego trasladarlo al Coogee Aquarium and Swimming Baths, un negocio que llevaba el hermano del pescador. Tras unos días de cuidados y mimos por parte de los cuidadores, el tiburón tigre parece sentirse a gusto y haberse adaptado a su nuevo hogar. Una semana después el hermano de Hobson decide que ya está listo para el gran público.

Aquel vómito iba a ser el principio de una investigación policial legendaria. Una que muy probablemente sólo puede ocurrir en Australia.

El 25 de abril de 1935 fue el día elegido. El acuario estaba lleno de público y se había anunciado la aparición de un enorme tiburón tigre que haría las delicias de los niños. A las 2 de la tarde las lonas que cubrían el tanque donde estaba el animal se sueltan y la gente comienza a aplaudir. El tiburón nada con elegancia de un lado para otro y desde el cristal los niños lo veían embelesados.

Los periodistas y reporteros de los principales periódicos también se habían acercado para contemplar el espécimen. Fueron diez minutos de contoneo en el agua hasta que algo comenzó a ir mal. El tiburón comienza a moverse violentamente, parecía muy irritado. Sus movimientos pasaron a ser erráticos y se estaba golpeando contra el cristal del tanque. Luego nada en círculos, al principio muy lento, luego cada vez más rápido.

Finalmente comienza a vomitar y el público lanza un “¡ohh!”. Los presentes hablaban de una especie de espuma negra que salía de la boca, una espuma que dio paso en primer lugar a un pájaro, luego a una rata o algo muy parecido, y cuando parecía que el animal estaba recuperándose, escupe un brazo izquierdo humano con un pedazo de cuerda alrededor.

Rápidamente desalojan el acuario y llaman a la policía y a un experto en tiburones. Cuando llegaron los profesionales no sabían muy bien como explicar lo que estaban viendo. Sí, era un brazo humano, pero era un brazo intacto, sin mordedura alguna del tiburón, no había ni una sola marca de dientes en ninguna parte y la extremidad parecía haber sido seccionada con un instrumento “limpio” y afilado, probablemente una espada, pensaron.

Aquello era sin ninguna duda el caso más extraño que había llegado a la policía de Coogee. ¿Cómo demonios podía tener el tiburón un brazo intacto? Basándose en conjeturas, nada serio aún, le dieron a la investigación carácter de homicidio. Un medio local tuvo acceso a los inicios de la investigación y pudo constatar el tatuaje que se encontraba en el bíceps del brazo. La idea, aunque pueda parecer surrealista, era que el periódico publicara la imagen con la esperanza de que, o bien el dueño del brazo, o bien algún conocido, explicara cómo pudo llegar hasta allí.

Y así fue. A los pocos días un tipo llama a la policía diciendo que ha reconocido el tatuaje (la imagen era dos boxeadores luchando en un cuadrilátero). Aquel hombre le dijo a la policía que el brazo pertenecía a su hermano James Smith, un corredor de apuestas aficionado al boxeo, además de un ladrón de poca monta e informante ocasional de la policía que llevaba en paradero desconocido varias semanas.

Los investigadores ya tenían una pista. Acudieron a los familiares y amigos de Smith para intentar averiguar cuales fueron sus últimos pasos antes de desaparecer. La última vez que lo vieron vivo fue en un hostal de Cronulla, un suburbio de Sydney. Un conocido lo vio bebiendo y jugando a las cartas con su amigo Patrick Brady, otro pequeño delincuente fichado por la policía con numerosas penas por falsificación.

Aquello era sin ninguna duda el caso más extraño que había llegado a la policía de Coogee. ¿Cómo demonios podía tener el tiburón un brazo intacto?

A medida que la investigación continuaba iba quedando más claro que aquella noche algo se torció para los dos amigos. El casero de Brady le dijo a la policía que su inquilino había desaparecido del apartamento poco después de que Smith desapareciera (y antes de que el alquiler terminara). Cuando los investigadores entraron con el casero en el apartamento se encontraron que el colchón y el baúl del dormitorio habían sido reemplazados, las paredes había sido limpiadas y un bote de remos que estaba incluido con el apartamento había sido fregado.

Parece que ya tenían a un sospechoso, Brady. Ahora faltaba el motivo. Y no tardaron mucho en encontrarlo. Poco después un taxista le dijo a la policía que al día siguiente de que Smith fuera visto por última vez, él había conducido a Brady hasta el norte de Sydney y lo había dejado en una casa de un hombre de negocios llamado Reginald Lloyd Holmes. También le dijo a los investigadores que Brady parecía nervioso y muy sucio cuando se subió al coche.

Reginald Holmes era un tipo temido de la época, un constructor de barcos y un empresario de éxito, pero también un hombre muy cercano al submundo criminal de Sydney en la década de 1930. Tirando del hilo la policía descubrió que tanto Smith como Brady trabajaban en el contrabando para Holmes. Ellos eran los encargados de sacar las lanchas para ir a buscar cocaína y cigarrillos arrojados anteriormente por barcos que trabajaban con el empresario.

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