Michael Collins ha muerto a los 90 años tras “una valiente lucha contra el cáncer”, anunciaron esta tarde los hijos y nietos del astronauta.

Collins fue uno de los tres tripulantes de la misión Apolo 11, pero a diferencia de Neil Armstrong y Buzz Aldrin, no pisó la Luna: se quedó pilotando el módulo de mando en órbita con el satélite hasta el regreso de sus compañeros.

Nacido en 1930, Collins se graduó en la Academia Militar de Estados Unidos en West Point, Nueva York, y se convirtió en piloto de pruebas de la Fuerza Aérea. Fue seleccionado como astronauta por la NASA en 1963, volando por primera vez al espacio como piloto de la misión Gemini X en 1966.

Michael Collins pasó a la historia como “el astronauta olvidado” o “la persona más solitaria del mundo” después de que, en 1969, desempeñara el papel de piloto en la misión Apolo 11, que llevó a los humanos por primera vez a la superficie de otro cuerpo celeste. Collins se quedó sobrevolando la Luna a 100 kilómetros de la superficie lunar en el módulo de mando Columbia, mientras Armstrong y Aldrin recogían rocas lunares o desplegaban una bandera estadounidense junto al módulo lunar Eagle, con el que realizaron el alunizaje.

Collins escuchó en directo, emocionado como el resto del mundo, las famosas palabras de Neil Armstrong al dar el primer paso sobre la Luna. El piloto podía comunicarse con sus compañeros y con el centro de control en Houston, pero cada vez que pasaba por la cara oculta de la Luna, perdía la comunicación de radio y se quedaba completamente aislado durante 48 minutos. Siempre que le preguntaron, respondió lo mismo: no sintió soledad durante esos minutos de silencio de radio, sino autoconciencia, confianza y una profunda satisfacción.

Michael Collins pilotó en solitario el módulo de mando, comprobó que todo fuera bien en el módulo lunar antes del alunizaje y trajo de vuelta a los primeros hombres que pisaron la Luna. Tenía un trabajo imprescindible y lo cumplió anticipándose a cada punto de su complicado plan de vuelo.

 El astronauta se retiró de la Fuerza Aérea y dejó la NASA en 1970. Más tarde se desempeñó como Subsecretario de Estado para Asuntos Públicos y se convirtió en director del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsonian, supervisando la construcción y la apertura del edificio del museo. Es autor de varios libros, entre ellos Carrying the Fire: An Astronaut’s Journeys, considerada la mejor de todas las autobiografías de astronautas.
 
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