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El partido por el tercer lugar de la Copa del Mundo se convirtió en un auténtico torbellino que dejó en evidencia la crisis defensiva de Francia. La selección de Inglaterra se quedó con la medalla de bronce tras imponerse por un escandaloso 6-4 en Miami, firmando el encuentro con más anotaciones en lo que va de todo el certamen.

Lo que debía ser un duelo de orgullo se transformó en una pesadilla táctica para los dirigidos por Didier Deschamps, quien cierra su ciclo con una dolorosa exhibición.

La primera mitad fue una aplanadora británica. Sin Kane ni Bellingham en el once, el esquema alterno planteado por Thomas Tuchel desnudó la pasividad gala.

Declan Rice abrió el marcador al minuto 2, seguido por Ezri Konsa y un doblete de Bukayo Saka antes del descanso, dejando un humillante 4-0 que parecía definitivo.

En la parte complementaria, Francia reaccionó con orgullo de la mano de Kylian Mbappé, quien con dos goles se consagró como el máximo anotador histórico de los Mundiales al llegar a 22 dianas.

Barcola y Dembélé acercaron al cuadro francés, pero la zaga volvió a hacer agua. Un penal de Saka para sellar su triplete y un tanto de Bellingham en la compensación sepultaron el milagro.

En el análisis personal, la fragilidad de Francia en los primeros 45 minutos rozó lo impresentable. Aunque Mbappé sacó la casta, regalar esa ventaja expone que el ciclo de Deschamps estaba agotado y la renovación en la zaga debe ser inmediata.