En 2012, Steve Greig vivió la peor tragedia cuando su amado perro murió atropellado, quedando devastado, lejos de cerrarse al amor, decidió transformar su duelo en una misión: comenzó a adoptar a los perros que nadie quiere, ancianos, enfermos y con discapacidades que pasan sus últimos días en refugios esperando una familia.

 

Desde entonces ha rescatado a decenas de viejitos, muchos con 10, 12 y hasta 15 años, dándoles medicamentos, camitas calientes, paseos y sobre todo amor incondicional en su etapa final, su historia, que se hizo viral por mostrar a su manada de 10 perros mayores, cerdos, gallinas y gatos conviviendo juntos, es prueba de que los segundos actos de amor pueden ser los más hermosos.